Piratas Informáticos
Cuando hablemos de piratas tenemos que hacer una nueva imagen mental que reemplace al antiguo cuadro que nos venía a nuestra mente de los legendarios personajes con un parche en el ojo y una pata de palo en busca de tesoros ajenos. Nuestros piratas contemporáneos prescinden de toda vestimenta que los identifique y no navegan con barcos tenebrosos por mares embravecidos.
Ahora los piratas se presentan con un cerebro desarrollado, curioso y cuentan con recursos muy eficaces: una simple computadora y una conexión a Internet.
Este personaje es temido por empresarios, legisladores y autoridades que desean controlar a quienes se divierten descifrando claves para ingresar a lugares prohibidos y tener acceso a información indebida.
Los criminólogos, por otra parte, describen a los hackers en términos menos halagadores. Donn Parker los denomina "violadores electrónicos" y August Bequai los describe como "vándalos electrónicos".
Ambos, aunque aseveran que las actividades de los piratas informáticos son ilegales, eluden hábilmente llamarlos "criminales informáticos".
Hacen una clara distinción entre el pirata que realiza sus actividades por diversión y el empleado que de repente decide hacer algo malo.
Por tanto, parece que tenemos una definición en la que caben dos extremos: por un lado, el moderno ladrón de bancos y por otro el inquieto. Ambas actividades (y todas las intermedias) son calificadas con el mismo término. Difícilmente se podría considerar esto como un ejemplo de conceptualización precisa.
La cultura popular define a los piratas informáticos como aquellos que, con ayuda de sus conocimientos tecnológicos consiguen acceder a las computadoras de los bancos, empresas privadas y a las del gobierno. Bucean por información que no les pertenece, roban software caro y realizan transacciones de una cuenta bancaria a otra.